Hosni Mubarak

El exdirigente, que renunció a su cargo en 2011 y fue condenado a prisión por malversación de fondos, permanecía en cuidados intensivos desde que fuera operado a finales de enero 

NEREA ALBINARRATE

El “último faraón” egipcio Hosni Mubarak, que gobernó con puño de hierro el país de Oriente Próximo durante cerca de tres décadas y renunció a su cargo hace nueve años, ha fallecido a los 91 años en un hospital de El Cairo, tras permanecer desde finales de enero en la UCI, cuando fue intervenido por un problema intestinal, según ha informado la televisión estatal egipcia. 

Fue en febrero de 2011 cuando el rais (líder) egipcio renunció a su cargo debido a la presión ejercida por los miles de manifestantes que, concentrados en la plaza Tahrir de la capital, reclamaron al gobierno los derechos que hasta entonces les habían sido negados, aupados por un clima de revueltas que se extendieron rápidamente por todo el mundo árabe en lo que pasó a conocerse como Primavera Árabe

Mubarak no se libró de la cárcel, donde cumplió tres años junto a sus hijos, al ser condenado por malversación de fondos públicos reservados

Desde que pusiese fin a su mandato, Mubarak trató de mantenerse apartado de los focos hasta que en 2012 fue condenado a cadena perpetua por la muerte de 239 personas en la revuelta de 2011, acusación de la que finalmente fue exculpado. Aunque no se libró de la cárcel, donde cumplió tres años junto a sus hijos, al ser condenado por malversación de fondos públicos reservados. Egipto celebró entonces sus primeras elecciones democráticas, en las que se impuso el miembro de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, que tras sólo un año al frente del país (2012- 2013), fue derogado en un golpe de Estado liderado por el que le sustituiría en el cargo, Abdelfatah al-Sisi.

Ex piloto de la fuerza Aérea formado en la Unión Soviética, Mubarak alcanzó la Jefatura de Estado en octubre de 1981, tras el asesinato de su predecesor, Anuar Sadat, a manos de un grupo de oficiales renegados del ejército islamista durante la celebración de un desfile militar en El Cairo, en el que Mubarak –que entonces era el vicepresidente- resultó herido en una mano.

Imagen tomada en unas protestas de 2012 en Egipto. / REUTERS

Ocho días después del ataque, y como recompensa a su papel durante la guerra de 1973, en la que el país de los faraones recuperó la península de Sinaí que le valió el título de héroe militar, juró su cargo como presidente. Entonces tenía 53 años. 

Un comienzo de reinado esperanzador, a ojos de muchos egipcios, que en los últimos años habían tenido que lidiar con el aumento del autoritarismo por parte del gobierno de Sadat, quien, disgustado por las voces disidentes que habían empezado a surgir en el país, ordenó el arresto de decenas de intelectuales y clérigos que, tras la llegada de Mubarak al poder, fueron puestos en libertad.

El mandato de Mubarak resultó una prolongación de la época de Sadat con la implementación de una reforma económica ineficaz y unos altos niveles de corrupción

Un pueblo ilusionado, al que Mubarak prometió ya en su primer discurso el fin de la corrupción, así como la puesta en marcha de posibles reformas democráticas, pero que terminó resultando una prolongación de la época de Sadat, como se demostraría más tarde con la implementación de una reforma económica ineficaz y unos altos niveles de corrupción.

Todo ello, en un territorio en el que la brecha entre ricos y pobres, la deuda pública, la radicalización de algunos sectores de la población y el ascenso de las tendencias religiosas –de la mano de los Hermanos Musulmanes- fue en aumento a lo largo de las tres décadas que se prolongó su mandato.   

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