Una habitación compartida

La periodista Inés Martín Rodrigo presenta ‘Una habitación compartida’, una antología de entrevistas con las escritoras más influyentes de la Historia

Por Aida M. Pereda

Prafraseando uno de los icónicos y más personales ensayos de Virginia Woolf, ‘Una habitación propia‘, la periodista madrileña Inés Martín Rodrigo reúne en el libro ‘Una habitación compartida’ (Editorial Debate), sus conversaciones con grandes escritoras de la historia actual, desde Ida Vitale, pasando por Margaret Atwood, Siri Hustvedt, Elvira Navarro, Isabel Allende, Svetlana Alexiévich o Fran Lebowitz

Es indiscutible que la literatura no tiene género, pero lo cierto es que como en muchas otras áreas, las mujeres escritoras han tenido que luchar por vivir y escribir bajo sus propias reglas, derribar prejuicios y conquistar derechos y lograr ocupar el lugar que merecen en las estanterías de la Historia.

Martín Rodrigo es periodista de ABC y coordinadora del área de Libros del suplemento cultural de este periódico. La autora de la novela ‘Azules son las horas’ y de la antología de cuentos ‘El cuaderno caníbal’ hace gala de su don para la entrevista, un género periodístico en horas bajas en la era digital, según advierte, pero que reivindica con brillantez a través de su pluma en esta imprescindible antología.

-Los datos son estremecedores, pues nos revelan que sólo el 11% de los lectores hombres leen ficción escrita por mujeres. ¿Qué crees que es lo que pasa para que a día de hoy siga habiendo estos prejuicios por parte de los hombres?

Inés Martín Rodrigo. / MATÍAS NIETO

No son prejuicios. Lo que sucede es que tanto mujeres como hombres tenemos a nuestras espaldas décadas, por no decir siglos, educación machista, y cuesta mucho desandar esa senda e iniciar un nuevo camino que nos conduzca a la igualdad. Se ha avanzando mucho, eso está claro, pero todavía queda mucho por hacer. Confío en que, cada año que pasa, ese porcentaje va decreciendo, y los hombres se acercan a los libros con independencia de quién los haya escrito, igual que las mujeres.

-Para el prólogo has contado con la firma de Enrique Vila-Matas, ¿crees que su recomendación puede ayudar precisamente a romper esa barrera construida por parte de los hombres hacia la literatura escrita por mujeres?

-Enrique Vila-Matas es uno de los más grandes autores contemporáneos y me honra, me enorgullece, que sea él el encargado de abrir la puerta de esta “habitación compartida” tan especial. Con sus palabras ha demostrado una generosidad inmensa. De veras no creo que exista esa barrera, y estoy segura de que a este libro se acercarán muchos lectores, hombres y mujeres.

-Isabel Allende dice que “en la literatura, una mujer tiene que hacer el triple de esfuerzo que un hombre para obtener la mitad de respeto”, ¿estás de acuerdo?

No seré yo quien le lleva la contraria a Isabel Allende, la escritora más leída del mundo en español.

-¿Crees que la literatura tiene género, es decir, que hay literatura masculina y femenina o escrita por y para mujeres o por y para hombres? ¿Defiendes que existen diferencias o abogas por hablar de literatura en todos los casos?

No creo en las etiquetas, no me gustan, ni en mi vida profesional ni en mi vida personal. La literatura es literatura, y punto. Existen los buenos libros y los malos libros, las historias de calidad y aquellas que están peor contadas, ni más ni menos.

-Centrándonos en el libro que presentas, ‘Una habitación compartida’, éste se convierte en una antología de algunas de las grandes escritoras de nuestra época. ¿Por qué decidiste reunir todas estas entrevistas inéditas en un libro?

Después de más de una década conversando con personajes culturales de todo tipo y condición, empecé a echar la vista atrás y me di cuenta de que en mi cabeza resonaban, con fuerza, las voces de grandes escritoras con las que, a lo largo de todos estos años, he tenido la suerte de encontrarme. Consideré que, dadas las circunstancias, dado el tiempo que nos está tocando vivir, había llegado el momento de escucharlas, de ver lo mucho que todas ellas tienen que decir sobre literatura en sí, por supuesto, pero también sobre muchos otros temas que tienen que ver con el hecho de ser mujer y escritora hoy en día.

No creo en las etiquetas. Existen los buenos libros y los malos libros, las historias de calidad y aquellas que están peor contadas, ni más ni menos

Comencé a hacer memoria y a recopilar conversaciones, con la idea de hacer una selección. Y de ahí salió este libro, que más que verlo como una antología de entrevistas yo lo considero un ensayo sobre nuestro tiempo, y así espero que se lea.

-Adviertes de que una entrevista ha de ser lo contrario a un interrogatorio, pero, ¿cómo debe ser una buena entrevista para que fluya como una conversación natural?

Los ingredientes básicos son la humildad y la empatía por parte del periodista, ante todo y sobre todo. El entrevistador no es un interrogador, sino una persona que se sienta frente a otra (si con suerte es cara a cara) con el simple propósito de conversar. No me gustan las entrevistas que interpelan, los periodistas que usan la agresividad para conseguir el titular que buscan. Una entrevista no es un titular.

Margaret Atwood. / REUTERS

Una entrevista es una conversación, una charla entre dos personas, y lo ideal es que, a medida que se va avanzando en la entrevista, la personalidad del entrevistador se diluya por completo, de manera que sea el entrevistado el que lo ocupe todo, el protagonista de ese espacio. Cuando eso sucede, cuando logras generar esa confianza, esa suerte de complicidad, es algo mágico.

-¿Hay preguntas que no se deben hacer nunca?

No, pero sí hay preguntas que deben quedarse entre el entrevistador y su entrevistado. Y el periodista sabe cuándo debe ser así.

-¿Qué papel debe adquirir el entrevistador y qué forma adoptas en este libro?

La entrevista es el mayor, el más importante de los géneros periodísticos. La entrevista es un arte, y como tal debería ser tratada y valorada en las redacciones. Pero, desgraciadamente, vivimos tiempos de consumo instantáneo de información, estamos sometidos a la dictadura del ‘clickbait’ y por eso hoy más que nunca la entrevista debe ser reivindicada como un espacio para la reflexión, para la calma, para el reposo, para la escucha. Debemos hablar menos y escuchar más, y la entrevista es la herramienta perfecta para ello.

Considero que la obra de Woolf no ha marcado sólo a las generaciones de autoras que vinieron detrás de ella, sino también de autores

-De esta forma, has construido ‘Una habitación compartida’, título que parafrasea al ensayo ‘Una habitación propia’, de Virginia Woolf -de quien escribiste el prólogo de la edición en español del primer volumen de su diario. ¿De qué forma crees que ha marcado esta escritora a las siguientes generaciones de escritoras?

-Es obvio que Virginia Woolf es una de las grandes escritoras de todos los tiempos, y también es evidente el homenaje que yo buscaba rendirle al titular así el libro. Pero considero que la obra de Woolf no ha marcado sólo a las generaciones de autoras que vinieron detrás de ella, sino también de autores. Aunque es cierto que ella nos marcó el camino: “Démosle una habitación propia y quinientas libras al año, dejémosle decir lo que quiera y omitir la mitad de lo que ahora pone en su libro y el día menos pensado escribirá un libro mejor”.

-Las escritoras que hablan en estas páginas tienen muy diversos estilos y pertenecen a distinta generación y procedencia: desde Ida Vitale, pasando por Margaret Atwood, Siri Hustvedt, Elvira Navarro, Isabel Allende, Svetlana Alexiévich o Fran Lebowitz; pero ¿cuáles son, en tu opinión, los rasgos que comparten todas ellas?

La escritora chilena Isabel Allende / EFE

-Desde la más activista a la más reticente a esa exposición pública, todas se consideran feministas y se definen como tal. Entendiendo por feminismo la reivindicación de la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres, por mucho que, sobre todo en los últimos años, hay quien se haya empeñado en desvirtuar el término con fines, sin duda, políticos e ideológicos.

Creo que el hecho de plantear el libro así, en orden ascendente de años, permite percibir de una manera muy clara cómo el feminismo no es algo que se inventara ayer y que las generaciones más jóvenes deben tener presente a toda esa genealogía de grandes mujeres que están detrás de ellas y sin las cuales hoy no estarían aquí. En ese sentido, me gusta mucho la idea de que, gracias al libro, puedan dialogar entre ellas y nosotros, como lectores/espectadores, aprender de ese diálogo.

-¿Crees que estas mujeres que forman parte del libro han conseguido ocupar o conseguirán ocupar, en el futuro, el lugar que se merecen en la historia y en la literatura?

Todas han logrado construir ese espacio, esa habitación propia, en una sociedad todavía machista y patriarcal, y eso no es nada fácil. Pero lo han conseguido, y todas ellas tienen una carrera y una trayectoria literaria e intelectual digna de elogio. Eso sí, no tengo duda alguna de que el reconocimiento les habría llegado antes si hubieran sido hombres. Y, si no, que se lo pregunten a Margaret Atwood, que con 80 años ha logrado el éxito gracias a una serie de televisión después de décadas de excelente oficio literario, o a Ida Vitale, que logró el Cervantes con 95 años, por no mencionar a Siri Hustvedt, que durante años ha tenido que cargar con la etiqueta de “mujer de Paul Auster”.

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