coronavirus

Miramos con atención qué medidas siguen en otros países para controlar la pandemia

Por Aida M. Pereda

Dos días antes de la celebración del Año Nuevo Chino, el 25 de enero, el país más poblado del mundo, con cerca de 1.400 millones de habitantes, alertaba al mundo de la aparición de un brote de coronavirus, de origen incierto, y de su rápida propagación entre la población precisamente en la época del año en el que el país registra su mayor pico de viajes internos para celebrar las fiestas con la familia.

Desde Occidente escuchamos con estupor la noticia, pero con esa insensata tranquilidad de pensar que no llegaría hasta nosotros. Lo cierto es que dos meses después, el virus se ha propagado libremente a su antojo, por medio planeta, y acumula ya miles de muertos, demostrando ser más peligroso y letal que sus predecesores, el NARS en 2002 y el MERS en 2012.

En plena batalla mundial por lograr una vacuna que acabe con esta pesadilla cuanto antes, se sigue investigando también, conspiraciones aparte, el origen epidemiológico de este virus. La comunidad científica considera a los murciélagos, reservorios naturales de coronavirus, el origen del virus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad Covid-19, pero tratan de localizar qué especie actuó como puente transmisor de dicha enfermedad entre murciélagos y personas, tal y como ocurrió con los coronavirus del SARS en 2002 y el MERS en 2012.

Los científicos tratan de localizar qué especie actuó como puente transmisor del Covid-19 entre murciélagos y personas

En el caso del SARS, la especie puente fue una civeta de las palmeras, un pequeño mamífero asiático, conocido como gato comadreja, utilizado popularmente como remedio contra la sarna a partir de la grasa extraída de pequeñas porciones de su carne, conservada en aceite de linaza dentro de recipientes cerrados de barro y al sol. Además, el café más caro del mundo, el Kopi Luwak, se prepara usando granos de café que han sido ingeridos previamente por la civeta de las palmeras y que después son recolectados de entre sus heces.

En el caso del MERS, cuyo primer foco se detectó en Arabia Saudita, la transmisión se produjo a través de los dromedarios. En el caso de el MERS-CoV, además es un virus zoonótico, es decir, se transmite de los animales a las personas, que pueden infectarse por contacto directo o indirecto con dromedarios o productos derivados de estos animales, como leche sin pasteurizar adecuadamente o carne cruda o mal cocinada.

En el metro de China. / EP

Ahora, con el Covid-19, son sospechosas cualquiera de las muchas especies que se vendían en el mercado de Wuhan donde empezó la epidemia, entre ellas los pangolines,  una especie que, a pesar de estar protegida y cuya venta está prohibida, es muy demandada en China por su carne, considerada un manjar. Además, existen creencias populares que ponen en valor sus escamas, por supuestas propiedades medicinales para hacer bajar las inflamaciones, mejorar la circulación sanguínea o ayudar a las mujeres a producir leche en periodo de lactancia.

Lo cierto es que mientras la comunidad científica y los investigadores estudian su origen, pero sobre todo el remedio que ayude a proteger a la población ante esta pandemia, los países de medio mundo ya han incorporado medidas restrictivas y de confinamiento para tratar de frenar la imparable curva de contagios, que está produciendo el colapso de toda infraestructura y sistema sanitario. (Consulta los datos de la OMS, la Organización Mundial de la Salud, a tiempo real aquí).

Mientras China celebra su tercer día sin nuevos contagios, en España o Italia las cifras aún no dejan de crecer

Mientras China celebra su tercer día sin nuevos contagios, en España o Italia, donde el virus se ha extendido más tarde, las cifras aún no dejan de crecer con el temor de superar el número de muertos. Pero, ¿cómo lo han hecho los chinos? ¿Por qué Italia, a estas alturas, con prácticamente la mitad de contagios, supera ya el número de muertos?

La estricta disciplina china

Hablamos con Paula Alonso Vera, directora del centro de idiomas Cámara Asia en Bilbao, quien conoce muy bien la cultura y la estricta disciplina china después de haber vivido y trabajado en la ciudad de Qingdao.

La población china cumple ya dos meses encerrada en sus casas, pero lo cierto es que ellos no ponen en duda las medidas tomadas por las autoridades. “Han sabido adaptar su día a día sin salir y es así como lo tenemos que hacer. Tenemos que mirar cómo China lo está haciendo, porque ellos lo han controlado fantásticamente. Es acción-reacción”, advierte. 

“Tú sales de tu casa y en cada edificio hay un conserje que controla absolutamente todas las entradas y salidas y que te toma la temperatura cada vez que sales y entras y te ofrece gel desinfectante para las manos”, detalla. La gente trabaja desde sus casas y  a nivel académico, los estudiantes pueden seguir sus clases por streaming. Ha crecido la demanda de ocio on line y el divertimento con los amigos se sigue haciendo, pero a través de una pantalla. La profesora de Tai Chi ahora se graba las sesiones, al igual que hacen los gimnasios, enumera.

Sanitarios voluntarios en Wuhan. / REUTERS

“En nuestro centro hemos cancelado las clases, a pesar de no haber tenido ningún caso de contagio. Únicamente, una de nuestras profesoras, que había ido a pasar el Año Nuevo Chino con su familia, se ha quedado en casa al regresar a España siguiendo los consejos de cuarentena como medida de precaución”, cuenta. 

Ellos sienten que su país está en el epicentro de la noticia en el mundo y han sufrido episodios de rechazo en nuestro país. “Aquí hay compañeras que han vivido cómo les miran mal en el metro o les ponen mala cara al ir a comprar. Y niños, que en el colegio, sus compañeros les han señalado diciéndoles “¡tú, chino, coronavirus!”, denuncia. “La gente no sabe diferenciar entre un chino, un coreano, un taiwanés o un filipino y además todos nos convertimos en médicos y todos sabemos del coronavirus”, critica.

La comunidad china afincada aquí siguió esas medidas a rajatabla, antes incluso de que se llevaran a cabo restricciones en España

Pero lo cierto es que siguen con gran preocupación las noticias de lo que está pasando y “los primeros en poner soluciones y en huir de cualquier tipo de contacto fueron los propios chinos”, destaca. Y es que la salud es un tema especialmente delicado y sensible para ellos. Tal es así, señala, que “en condiciones normales, la mayor parte, nada más pisar España, comparan cuatro o cinco aseguradoras y se hacen un seguro de salud privado. Son los primeros que van a ir a mirarse, los primeros que contrastan información en cuanto a salud, los primeros en poner una ortodoncia a los críos y en darle importancia a lo que realmente tiene importancia, que es la salud”.

En estas circunstancias, en las que además tenían contacto con sus familiares afincados en China, están muy pendientes de lo que pasaba allí y las noticias les llegan de primerísima mano. Por eso, cuando entró en vigor el protocolo de protección en China, la comunidad china afincada aquí siguió esas medidas a rajatabla, antes incluso de que se llevaran a cabo restricciones en España. E incluso reunieron mascarillas para enviarlas allí, al igual que están haciendo ahora ellos con nosotros. “Una amiga que tengo en Shanghái me dice que va al supermercado y faltan productos de primera necesidad, pero vas al día siguiente y ya están las estanterías repuestas”. 

Personal sanitario realizando un test de coronavirus en España. / EFE

No obstante, “el mayor virus que hay es el miedo y la desinformación”, opina esta experta en cultura e idioma chino, a quien le llama la atención que la enfermedad se haya desatado precisamente en Wuhan, donde hay 300 de las 500 empresas automovilísticas que distribuyen componentes para todo el mundo. “¡Qué casualidad! Y más aún en plena caída del precio del barril de petróleo…”, subraya.

Conspiraciones aparte, bien es cierto que “las cifras de muertes son mínimas para una población de la magnitud de China, especialmente envejecida, ya que los chinos, cuando se hacen mayores, regresan a su país para morir allí”, cuenta. “Pero la comunidad china echa en falta una figura clave, representativa, como pueda ser el presidente, o un portavoz del gobierno, que les dé un mensaje tranquilizador, de calma, de que está todo controlado”. ¿Es el miedo el mejor fármaco para controlar a tantos millones de personas? “Pues igual sí”, responde.

La población china echa en falta una figura clave, como el presidente o un portavoz del gobierno, que les dé un mensaje tranquilizador

Por eso, no le extraña ver cómo son capaces de construir un hospital en diez días. “Para ellos es algo habitual. Yo he visto transformarse una ciudad como Qingdao muchísimas veces en un año. Levantan un megacentro comercial o un hotel en tan sólo un mes”, asegura.

Ahora, el país que nunca cesa de producir, está cerrado a cal y canto. “Es muy chocante ver a tantos millones de personas atajando el tema desde el más absoluto miedo, respeto por los protocolos, adoptando todas las medidas de seguridad posibles habidas y por haber”, cuenta Paula Alonso Vera. Nada que ver con la imagen que se está trasladando de los ciudadanos occidentales, como italianos, franceses o españoles, que tratan de sortear las medidas de confinamiento.

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