Antonio Sitges-Serra

¿Somos pacientes o clientes? El médico Antonio Sitges-Serra nos advierte de la hipermedicalización de la sociedad y de los intereses de la industria

Por Aida M. Pereda

Ya desde su portada, el nuevo libro del catedrático en Cirugía Antonio Sitges-Serra (Barcelona, 1941), nos hace reflexionar. ‘Si puede, no vaya al médico’, alerta en su título. E incluye en su prospecto las advertencias que el jefe del Departamento de Cirugía del Hospital del Mar:

La medicina es hoy un gran negocio para unos pocos y un lastre económico cada vez mayor para muchos, independientemente de si la pagamos entre todos o bien cada uno por separado. Los protagonistas corporativos no planifican ya la medicina a partir de un encuentro personal entre médico y paciente, que es lo que le da pleno sentido, sino que la han organizado dentro de un sistema político, económico y científico complejo e inestable en el que se ha ido perdiendo el fin asistencial y paliativo del hecho de curar y cuidar. La medicina es en la actualidad un negocio depredador perfectamente asimilado al entorno neoliberal desregulado propio de nuestra sociedad tecnológica.

Su libro, publicado por la editorial Debate, está dedicado “al personal sanitario que ha padecido las arbitrariedades de la gestión y a los pacientes que han sufrido las arbitrariedades de los médicos” y en sus páginas, el autor examina la medicina actual desde “una perspectiva humanista, que revela, bajo la utopía tecnocientífica, un sistema insano que urge cambiar”. 

En las páginas de este libro ¿vamos a poder descubrir lo que realmente hay detrás de la medicina?

-Exactamente. Trato de mostrar la medicina desde otro punto de vista. El antiguo y noble arte de curar se ha convertido en un enorme negocio con incalculables márgenes de beneficio, en el que los riesgos corren a cuenta, casi por entero, de quienes necesitan su atención: los pacientes. En el contexto cultural y socioeconómico en el que vivimos, determinado por la alianza del capitalismo con la técnica, quien va al médico encuentra no sólo a un profesional, sino además a todo un sistema sanitario cuya prioridad no es necesariamente su salud.

Vemos cómo la industria farmacéutica trata de medicalizar ámbitos de nuestra vida privada que nos pertenecen a nosotros

-¿Crees que somos una sociedad hipermedicada?

-Sí. Para la tristeza, la soledad, el paro, la enfermedad o la muerte, para combatir nuestras manías personales… todo esto se está convirtiendo en enfermedad y se está medicando. Vemos cómo la industria farmacéutica trata de medicalizar ámbitos de nuestra vida privada que nos pertenecen a nosotros. En España, las recetas de psicofármacos alcanzan proporciones preocupantes. Casi un 20% de los varones y casi un 30% de las mujeres consumen estos medicamentos, porcentaje que prácticamente se duplican en las personas mayores de 65 años. 

Portada del libro ‘Si puede, no vaya al médico’.

-El título de tu libro: ‘Si puede no vaya al médico’, nos invita a reflexionar acerca de nuestros hábitos.

-Sí, es una idea liberadora. Si tenemos buena salud, pues España tiene los índices de esperanza de vida mejores del mundo (después de Japón), no hace falta ‘autoengancharse’ al sistema médico ni hace falta medicarse tanto. La medicina sólo contribuye en un 15-20% a aumentar nuestra esperanza de vida. El otro 80% lo ponemos cada uno de nosotros con nuestros estilos de vida, con nuestra alimentación, con nuestro ejercicio, nuestras adicciones… Esos son los grandes condicionantes de la salud. La medicina influye, pero no tanto como la gente se piensa. Por tanto la idea es ganar autonomía respecto al sistema sanitario, tener mayor responsabilidad sobre nuestra propia salud y recurrir menos a la medicina.

-Bueno, ¿y qúe papel juega la genética? Vemos su influencia en determinadas enfermedades…

-La genética es una de las ciencias más recientes dentro de la medicina. Nace en los años 90 con la pretensión de convertirse en una ciencia determinante, es decir, si tienes este gen eres así, pero hemos visto que esto no es así. El gen juega un papel en algunas enfermedades, pero en otras es algo más dentro de un contexto. Piense que nuestro genomas se parece un 99 coma algo % al del chimpancé, con lo cual los genes tampoco son tan importantes (risas).

-En el libro hablas del capitalismo como algo transversal, que influye en todas las facetas. Por ello, la medicina no queda exenta del sistema, con clientes en vez de pacientes.

-Claro. ¿Somos pacientes o clientes? Tanto la medicina pública como la privada padecen las consecuencias de la tecnolatría, el afán de lucro y la sed de prestigio que hoy se interponen entre el médico y quien lo consulta.

El gasto público también tiene otras prioridades que no puede olvidar y la sanidad se va comiendo los presupuestos vorazmente

Porque la medicina, como sector “industrial”, es de los que más crecen. Es muy atractiva para las inversiones, porque es rentable, claro, siempre puede financiarse un medicamento nuevo, una investigación para la curación del cáncer o inventar un robot quirúrgico. El Estado compra porque el ciudadano pide más medicina y los políticos ceden mucho. Eso hace que el gasto en este sector crezca un 5 o un 7 % anual. Un ritmo vertiginoso que tarde o temprano tendrá un final, porque claro, el gasto público también tiene otras prioridades que no puede olvidar y la sanidad se va comiendo los presupuestos vorazmente, dejando atrás la educación, la justicia, las pensiones… 

-¿No eres partidario entonces de que se amplíe la inversión pública en sanidad?

-Más que la cantidad total invertida lo que más me preocupa es el ritmo de crecimiento. En 30 años hemos cuadruplicado el presupuesto sanitario sin que los índices de salud hayan aumentado en esa misma medida. La esperanza de vida no ha cambiado tanto en estos años como para justificar que el presupuesto de sanidad se multiplique por cuatro. En cifras absolutas podemos estar más o menos en la media europea, quizás un poquito por abajo, pero hay mucho margen para utilizar estos recursos de forma más eficiente. Un 30% del gasto público de las autonomías se destina al gasto sanitario. Y eso no es sostenible, la sostenibilidad del sistema está seriamente amenazada.

-¿De qué forma afecta la escasez de I+D en el ámbito médico?

En realidad hay un poco de burbuja. Tiene que haber también una perspectiva de eficiencia, de coste-beneficio. Si sumamos ya no sólo los gastos asistenciales, sino todos los gastos derivados de la investigación contra el cáncer, contra el cáncer de páncreas, por ejemplo, que tiene una supervivencia únicamente del 5-6%, observamos que esta lucha está alcanzando proporciones gigantescas. Es una preocupación social, evidentemente que lo es, pero es el precio que pagamos por vivir 80 años.  

Antonio Sitges-Serra es catedrático en Cirugía.

También se venden robots a dos millones de euros y en realidad la cirugía robótica no aporta mucho más, si es que aporta algo sobre la cirugía convencional, pero claro, tenemos que tener las máquinas porque la industria debe venderlas y los hospitales necesitan comprar la última máquina para que el usuario se piense que si lo opera una máquina lo va a operar mejor que un cirujano (risas).

Hay un deseo desmesurado, pero también una gran presión industrial. Creo que hoy, el I+D y la ciencia son los dos pilares del neoliberalismo. Lo siento por mis colegas científicos, pero realmente, la ciencia está dando soporte a un régimen económico regido por inversiones muy potentes realizadas por fondos buitres. La gente entiende lo que es un fondo buitre en vivienda, pues también debería entender lo que es un fondo buitre en sanidad y cómo éste aprieta en la síntesis de fármacos que son carísimos y poco eficientes. Entonces hay algo de burbuja ahí y  tarde o temprano tendremos que darnos cuenta de que es insostenible.

Debemos invertir en I+D en centros que lo hagan de forma eficiente, que no se malgaste este dinero y que se invierta en una ciencia relacionada con las necesidades sociales

-Entonces, ¿crees que la inversión en I+D a nivel público debería estar más controlada?

Controlada, regulada y dirigida hacia áreas donde el beneficio sea más ostensible. Es decir, que invirtamos en I+D en centros que realmente lo hagan de forma eficiente, que no se malgaste este dinero y que se invierta en una ciencia que tenga relación con las necesidades sociales.

A mí me llama la atención el sector de las tecnologías, por ejemplo, donde se están invirtiendo cantidades inimaginables, ¿para qué? ¿para hacer una ‘app’ que nos diga lo que hay en la nevera? ¿para ver si el 5G es más rápido que el 4G? Mucha parte de la tecnología no responde a necesidades reales de la población ante problemas como el cambio climático, los derechos sociales, la pobreza, la inmigración… Están desarrollando una agenda propia que no tiene nada que ver con lo que necesitamos. Steve Jobs lo dijo muy claro: “la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”.

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