JORGE VEGA

Nota para el lector

(Antes de leer esto, deberías conocer el tema serio del que sale este artículo ‘La doctrina del Shock’ de Naomi Klein  librovideo)

Quizás, para los no iniciados en el arte del Txakoli, que es un vino blanco que se produce en Euskadi, el por qué de hacer un paralelismo de este vino, es que este vino, que es divino, entra muy sencillamente, pero si no te das cuenta, te suben los colores y acabas borracho sin que te des cuenta. Así, las nuevas tecnologías, de una manera sencilla y gracias a su amigable uso, nos están emborrachando de tal manera que no somos conscientes de su penetración en todos los sistemas de nuestra sociedad.

AL TURRÓN (A TOPE CON LAS STARTUPS)

Entonces, ¿qué tiene que ver la doctrina del shock, la epigenética y la disrupción? Tal vez, para muchos, estos tres términos por separado, tengan una bibliografía conocida y desarrollada. Pero ¿y si jugamos a mezclarlas como plastilina? Nos daría una masa de colores basadas en el caos, sin orden ni fundamento. Pero sería interesante plantear un juego, que como a los niños, nos puede dejar las manos manchadas, lo que haría que llenásemos las paredes de nuestra casa de colores, que con el tiempo deberíamos pintar otra vez para taparlos sin poder borrarlos.

La idea de este texto no es otra que imaginar, como si tuviéramos cinco años, las formas resultantes, que serían las que nuestra imaginación nos diera. Pero ¿y si somos unos niños malos y lo hacemos a posta para que nuestros padres se vean forzados a dejarnos hacerlo una y otra vez ya que los castigos no sirven de nada?

Pues bien, empecemos. Sitúemos nuestro contexto temporal hoy día, donde en el mercado existen grandes fondos de inversión que poseen participaciones muy altas en proyectos tecnológicos que desarrollan su actividad y modelo económico tanto en Internet como en los mercados tradicionales. En los modelos de Internet tenemos la complacencia de la escasa y distinta regulación a la que están sometidos estos fondos de inversión según los países.

LA DOCTRINA

La doctrina del shock, podría definirse, como lo hace Naomi Klein, como el instrumento del neo-liberalismo, que por medio del temor y la manipulación psicológica, mediante una crisis -real o percibida- imponer medidas extremas sobre las clases más vulnerables, en beneficio de las clases en el poder, liberalizando sectores públicos en favor del sector privado. Es la teoría aplicada de Milton Friedman a favor de un capitalismo desenfrenado en su libro ‘Capitalism and freedom’.

Evidentemente, tras leer el libro de Naomi Klein o ver el famoso documental, que se encuentra en Youtube gratuitamente -es mi caso- nos damos cuenta de la evolución del mismo, pero para este texto sólo nos interesa conocer su funcionamiento, que simplificando, consiste en generar una crisis estatal para hacer cambios y, mediante el temor, imponer un nuevo modelo en el que las líneas entre pudientes y no pudientes sean claras y distantes.

Hoy día, el terror no sería una solución en el primer mundo, así que antes de poder aplicar estos cambios, debemos preguntarnos qué armas deberíamos utilizar. Establecido entonces el objetivo, el actor principal de esta historia va a ser un fondo de inversión, X, que, como decíamos, posee participaciones en startups de todo ámbito.

A modo de consultoría, imaginemos que la oposición del gobierno, Y, nos pide una reunión y nos plantea la posibilidad de desestabilizar el país para poder hacerse con el poder. Al ser un país desarrollado ¿qué armas utilizaríamos? Mediante nuestras participaciones en empresas del mercado actual, podemos desestabilizar un país inflando su prima de riesgo gracias a la desconfianza, por ejemplo inflando el precio del petróleo, con falta de inversión, desmoralizando empresas… pero estas acciones no acaban de derrocar a un gobierno, ya que el ADN de la democracia hace que ante ataques externos, la sociedad se atrinchere, como lo hace el cuerpo humano ante una fractura en la que los músculos se contracturan para proteger la zona herida.

LA EPIGENÉTICA…

Así que, aquí es donde entra la epigenética en acción, que estudiada hoy día nos explica que, gracias a factores externos, el ADN de origen puede mutar. Pero como dicen los que saben, estos cambios se basaban en el modelo Darwinista, el cual era un proceso lento, así que utilizaremos la disrupción como modelo de cambio. Esto es, ante un sistema con procesos estandarizados, en los que se pueden medir los tiempos de respuesta ante un problema en el mismo, cabe la posibilidad de incrustar nuevos modelos de negocio usando la tecnología para paralizar, absorber y destruir los modelos estatales y a sus empresas más punteras. Aquello que antes se podría hacer mediante la presión y las armas, hoy en día podemos hacerlo a través de las aplicaciones.

A LA DESTRUCCIÓN…

Pasemos a la acción. Como fondo de inversión, el primer paso será activar la incertidumbre sobre el mercado, bloquear los suministros de gas y de petróleo, gracias a las participaciones en empresas distribuidoras. Le diría a mi cliente, el partido en la oposición, que iniciara una campaña de acoso y derribo, con manifestaciones de su masa social. Así, tenemos una presión  empresarial y el comienzo de una social. El siguiente paso es el de ayudar a la instalación de startups que den servicio en el país.

Sobre estas startups genero una campaña de publicidad vendiendo su sencillez de uso y sus beneficios sobre la población. Además, me apropio términos como ‘fashion’, ‘cool’, etc para diferenciar a aquellos que las utilizan sobre los que no, haciéndoles sentir especiales. Pongamos unos casos reales como ejemplo para entenderlo mejor:

Sustituir y penetrar en el transporte de corto y medio recorrido con aplicaciones de viajes colaborativos. Esto enfadará a los sindicatos y a los trabajadores del sector profesional gracias a la falta de regulación sobre el modelo de negocio, que viéndose superados irán a la huelga, generando un malestar de los ciudadanos por la falta del servicio.

Sustituir y penetrar en la hostelería, atacando en las zonas vacacionales mediante modelos de compartir o intercambiar las casas a precios muy reducidos. Esto enfadará a los sindicatos y a los trabajadores del sector profesional gracias a la falta de regulación sobre el modelo de negocio -me repito, pero es que es exactamente igual y sistemático para el sector servicios – con lo que cadenas hoteleras se verán en peligro.

Genero aplicaciones de turismo negativo, que atraigan perfiles poco éticos a zonas de poder adquisitivo, en los que intentemos que aquellos que disponen de recursos se marchen, haciendo que la hostelería de la zona se vea doblemente atacada y afectada.

Sustituyamos el acceso al dinero rápido para los ciudadanos con aplicaciones en las que consigamos créditos rápidos y directos al usuario que use nuestra aplicación. Ésta tendría penetración gracias a la publicidad y a que hemos subido la prima de riesgo evitando la liquidez y haciendo que los bancos dejen de ofrecer crédito a los particulares y las pymes. Evidentemente, al principio podría aplicar tipos de interés bajos, pero llegado el momento, aplicaríamos un interés alto a créditos bajos, con los que ahogar a la población más desfavorecida. Generamos malestar y multitud de denuncias, colapsando los servicios judiciales y generando, otra vez más, malestar en la población.

En los medios de comunicación, podría utilizar varias aplicaciones de distinta ideología política pero que su objetivo fuese la de generar mucha masa de lectores, contratando a multitud de periodistas. Nos encargaríamos de que siempre tengan las primeras posiciones en buscadores los que favorecezcan a nuestro cliente,  y relegaríamos a los que queremos desdibujar. Sobre los grupos existentes, podríamos comprar acciones, efectuando despidos masivos, aplicando una ética dudosa en publicidad y sacando escándalos de miembros del gobierno, que, aunque inventados, aparezcan en las portadas digitales.

A las startups nacionales las podemos, o bien comprar o invertir en ellas haciendo que pierdan su credibilidad (caso Softonic) para que sus usuarios pierdan el interés y al final las lleven a la bancarrota. Además, los medios de comunicación que controlamos les darían mala prensa y ello llevaría a despidos masivos otra vez. Generando… espera…..más malestar.

FAGOCITANDO LO EXISTENTE

Para acabar con el comercio local, aplicaría startups que sustituyan y compitan a precios más bajos con la venta diaria de productos básicos. Empresas que lleven la comida a casa o vendan productos muy específicos, así como ropa y electrodomésticos, que harían caer las ventas en los núcleos urbanos, haciendo cerrar negocios y evitando la generación de nuevas pymes, ya que controlamos los créditos, pudiendo negociar con las cadenas deseadas el soporte para que se mantengan y absorban todo el volumen de negocio, inflando precios y acabando con la competencia.

En resumidas cuentas, con el precio de las materias primas, con el control de los medios de comunicación, el desplome de las pymes, la falta de crédito y los abusos que la falta de regulación nos brinda, podemos generar el contexto correcto para que la falta de confianza de un Estado caiga. Se verían atacados por todos lados, generando una crisis ficticia, la cual, una vez conseguido un cambio de gobierno impulsado por la propia población, sin que ella se entere.

Los mercados y la sociedad perderían la confianza en el gobierno. Así, la aceleración de unas elecciones anticipadas llevaría, con una buena campaña apoyada por nuestros medios, a que nuestro cliente obtenga el poder. Nosotros sólo deberíamos desmantelar nuestras startups para recobrar la paz social y ayudar a generar entornos de privatización y así controlar con menos volumen de empresa pública la economía y sostenibilidad del país.

Es sólo una teoría, y las aplicaciones, a usar como armas, gracias a su gran poder de disrupión, harán cambiar el ADN social, para conseguir un objetivo de una manera limpia y oculta al gran público. Sólo deberíamos guardar o reinventar con otro nombre nuestras balas-startups para aplicarlas al siguiente cliente y a sus proyectos y servicios importantes para su economía.

Con las privatizaciones en sectores realmente rentables, como la medicina o la energía, por ejemplo, nos encargaríamos de que nuestros clientes nos cedieran el acceso a empresas ya privatizadas, con las que ganar dinero de una manera más duradera y con un futuro por desarrollar, enraizando en los servicios básicos del país, de donde sería muy difícil movernos.

De esta manera, usamos la doctrina del shock como teoría inicial, utilizamos la teoría de la epigenética para identificar la conversión de los modelos empresariales, así como su penetración-evolución, y la disrupción como instrumento para ejecutar las tareas de ruptura o transformación.

Esto es sólo una hipótesis, o no. ¿Quién sabe?

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