selva-el-congo

El escritor de ‘El sanador de caballos’, Gonzalo Giner, obtiene el premio de novela Fernando Lara con un apasionante relato de aventuras en la selva congoleña

Por Aida M. Pereda

El corazón de la selva congoleña es el escenario del nuevo libro de Gonzalo Giner, ‘La bruma verde’, con el que ha ganado el Premio de Novela Fernando Lara 2020, un bello canto al conservacionismo que se convierte en un emocionante alegato ecologista a través de un thriller repleto de aventuras en busca de un mundo mejor. 

Bineka, una adolescente congoleña que escapa cuando destruyen su aldea, situada en la provincia de Tshopo, en El Congo, y se refugia en la selva tratando de sobrevivir. Allí es adoptada por un clan de chimpancés, con los que convivirá durante meses. Mientras, Lola Freixido, una exitosa directiva, viaja a esta república democrática africana para rescatar a su mejor amiga, Beatriz Arriondas, una cooperante medioambiental que ha sido secuestrada.

Bineka y Lola proceden de dos mundos antagónicos pero ambas deberán enfrentarse a una compleja trama de corrupción, viéndose abocadas a huir en compañía de Colin Blackhill, un cooperante británico de Greenworld que se cruza en su camino y que lucha por la conservación del medioambiente.

Al mismo tiempo, Lola conocerá a las autoridades gubernamentales y a los miembros de la ONG Greenworld, a la que pertenece su amiga. Colin le confesará que Beatriz estaba centrada en un proyecto de investigación sobre los abusos de una gran empresa sobre las tierras congoleñas y sus gentes.

Y en ese viaje que emprendemos los lectores junto con Lola, tratando de hallar el paradero de su amiga y descubrir por qué la han secuestrado, disfrutaremos de la sabiduría de la cultura tribal y de la necesidad de preservar el legado que nos ha brindado la naturaleza.

Gonzalo Giner: “La dualidad de El Congo es una materia prima muy interesante para un escritor”

Portada de ‘La bruma verde’, de Gonzalo Giner.

En El Gamusino hemos tenido la ocasión de conversar en persona con Gonzalo Giner, un escritor realmente atípico, con todo lo bueno que conlleva el término. Su original narrativa es fiel reflejo de su carácter afable y empático, una muestra de su capacidad de desentrañar los misterios interiores de todo ser vivo.

Veterinario de profesión, logró un gran éxito literario con El sanador de caballos (2008) y El jinete del silencio (2011), donde nos enseñó los orígenes de la raza equina española durante el siglo XVI. Más tarde, en Pacto de lealtad (2014), nos dio a conocer la participación de los perros en dos de las guerras más sangrientas del pasado siglo XX, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

-Enhorabuena, Gonzalo, pues ‘La bruma verde’, tu séptima novela, está liderando los rankings de ventas. Los lectores tenemos la suerte de tener en nuestras manos un thriller distinto, que pone el foco en cuestiones como la cooperación, la preservación del medioambiente y la búsqueda de un mundo mejor, ¿qué crees que hace tan especial esta historia, con la que has conseguido el Premio de Novela Fernando Lara?

-Muchas gracias. Bueno, se trata de una novela contemporánea que se sale de mi registro habitual, que hasta ahora era la novela histórica. La verdad es que no lo he hecho de forma deliberada, simplemente hay veces que las historias te asaltan y fue así, ésta me asaltó, me removió interiormente y decidí que la temática que iba a contar era tan bonita y apasionante, que cambié todos mis planes. En realidad, tenía previsto hacer una novela sobre la historia de Valencia, porque mi familia, valenciana por parte de padre, ha tenido siempre mucha relación con el Tribunal de las Aguas de Valencia y tengo una deuda con contar algo sobre eso, pero bueno, queda pendiente para otra vez.

-¿Qué es la bruma verde?

-La bruma verde es un efecto muy curioso que ocurre en El Congo porque el río Congo es tan caudaloso que explota por todos lados haciendo unas olas brutales. Se produce una explosión de agua que con la selva de fondo se convierte en ese tono verde.

Con este título quería evocar lo que está pasando allí, en El Congo, donde hay una serie de intereses, empresariales sobre todo, que están comprando enormes pedazos de selva, a lo bestia. En 2018, por ejemplo, una empresa china compró 300.000 hectáreas de selva, un territorio equivalente a la provincia de Álava, para talarla y hacer allí un campo intensivo de palma para hacer aceite de palma.

En 2018, una empresa china compró 300.000 hectáreas de selva, un territorio equivalente a la provincia de Álava, para talarla y hacer allí un campo intensivo de palma

Todo esto supone un daño mundial, porque la selva congoleña es el segundo pulmón de la Tierra, después de la Amazonia. El personaje principal de la historia, Bineka, que es una jovencita congoleña, nos va a contar lo que supone este saqueo para las personas que viven allí y también para los propios animales, porque para ellos desaparece su medio natural de vida, con los riesgos que esto entraña. Nos estamos metiendo cada vez más dentro de la selva y nos ponemos en contacto con los animales salvajes, que vivían allí tan tranquilos, pero tienen sus enfermedades y sus virus y nos los contagian. Lo que estamos teniendo ahora mismo con el COVID es uno de sus efectos.

-¿Crees que con esta historia, al igual que las mujeres que protagonizan tu historia, los lectores vamos a querer unirnos a esta lucha por cambiar el mundo? 

Me encantaría, es mi objetivo número uno, porque esto, de alguna manera, era una tarea pendiente que me quedaba por hacer. Hace diez años estuve en la zona selvática de Tanzania que está pegada con El Congo. Tuve contacto con tribus masáis y me di cuenta de que, con muy poco, podía mejorar la calidad de vida de esta gente, pero me quedé con ganas de hacer algo.

Hace diez años estuve en la zona selvática de Tanzania que está pegada con El Congo. Tuve contacto con tribus masáis y me di cuenta de que, con muy poco, podía mejorar la calidad de vida de esta gente, pero me quedé con ganas de hacer algo

-Además, como pones de relieve en tu prólogo, esta historia está dedicada “a todos los que han buscado refugio en África para poner sus conocimientos e ideales al servicio de la defensa del medio natural, la ayuda a los demás o la protección de especies en peligro de extinción”. ¿Te has basado en personas reales para construir tus personajes?

-Sí. Conocí a Rebeca Atencia, una climatóloga gallega que es la mano derecha de Jane Goodall en África. Me contó su aventura y cuál era su reto personal, lo que estaba haciendo allí y la importancia de los chimpancés, lo qué está pasando en la selva, por qué están entrando todas esas empresas… Y entonces pensé que era el momento de contar una novela sobre todo esto.

-Ahora entendemos entonces que haces un guiño a esta mujer con el personaje de la historia, cuyo origen y apellido también es gallego, concretamente de Ferrol.

-Sí. Ella no sabía nada de la historia hasta que antes de presentar el manuscrito al concurso se lo enseñé porque hay una parte muy importante de la novela, centrada en un clan de chimpancés en medio de la selva y bueno, yo he leído muchas novelas de África, de las historias de Jane Goodall y de Dian Fossey, pero no soy primatólogo y quería que me confirmara si esto no lo haría nunca un chimpancé y esto otro sí… Y bueno, seguí sus correcciones antes de presentarlo.

Pero lo más bonito es que cuando terminó de leer la novela estaba entusiasmada. Me dijo que era un canto al conservacionismo, que es exactamente por lo que luchan en el Instituto Jane Goodall, así que estoy muy halagado y creo que este libro al final acabará concienciando y este mensaje calará en los lectores.

El escritor Gonzalo Giner, Premio de Novela Fernando Lara 2020.

Los animales como protagonistas

-Como en casi todas tus novelas, los animales tienen mucho protagonismo en tus historias. Nos has dado a conocer especies tan próximas como los caballos, descubriéndonos los orígenes de la raza equina española durante el siglo XVI, nos has hablado de la participación de los perros en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial, y ahora nos acercas a los chimpancés. ¿Crees que tenemos una deuda con ellos en el mundo literario?

En mi vida son tan importantes los animales que yo no concibo una novela sin que estén ellos presentes. Además, tengo cuidado en no hacer que un animal haga cosas que no hace un animal. Es decir, nunca le voy a poner a hablar, porque un animal no habla, tiene otra forma de comunicación, y entenderlos es uno de mis retos diarios

Los animales también se comunican, pero tienen otros registros que no son los nuestros. Cómo mueven las orejas, cómo te miran, cómo se arquean… Yo trabajo mucho con vacas, que van un poco a su aire, pero sin embargo es muy divertido estudiarlas, porque te das cuenta de que también hay envidias, se mienten y se trampean entre ellas para conseguir algo o acorralan a una porque no les gusta… En fin, tienen miles de comportamientos y, si estás atento y muestras un mínimo de sensibilidad, vas descubriéndolos y es fascinante. Entonces, en las novelas, eso es lo que yo traslado, lo que yo puedo ver, el comportamiento y también las “personalidades” de los propios animales.

Yo trabajo mucho con vacas y es muy divertido estudiarlas, porque te das cuenta de que también hay envidias, se mienten y se trampean entre ellas para conseguir algo o acorralan a una porque no les gusta

-De la mano de Bineka, que va a estar conviviendo con un clan de chimpancés, vamos a ir conociendo estas diferentes “personalidades”. Les irá poniendo nombre a cada uno de ellos y nos describirá cómo son, haciendo especial hincapié en Furaha, una cría de la que se hace inseparable.

-Sí. Vamos a ver la impresionante dependencia de los bebés chimpancés, que hasta los cinco o seis años no se separan de su madre. Por eso da muchísima pena cuando los cazadores furtivos matan a las madres para comerciar con su carne y sus crías se quedan solas. Para ellas es un sufrimiento insoportable porque se establece un vínculo muy especial con su madre.

-La violencia vertebra toda la novela, un mal que extienden los hombres pero que también va a surgir entre los animales. ¿Es algo innato a todos los seres vivos?

-Sí, es que los humanos compartimos con los chimpancés el 98% del ADN, con lo cual compartimos lo bueno y lo malo. Hay un tipo de chimpancés que son los bonobos, una especie de la zona sur de El Congo, que no son violentos, al contrario, son súper cariñosos. Pero en concreto, el macho del chimpancé común ejerce la violencia cuando hace falta y puede llegar a matar a las crías si se le ocurre.

Cuando los cazadores furtivos matan a las madres para comerciar con su carne y sus crías se quedan solas. Para ellas es un sufrimiento insoportable porque se establece un vínculo muy especial con su madre

Normalmente, cuando ven a un humano, los chimpancés salvajes huyen, no le atacan, pero si han tenido contacto anterior con nosotros puede ser que sí ataquen, así que sí son peligrosos. Parecen pequeños, pero cuando se ponen de pie son grandes y tienen tres o cuatro veces más fuerza que cualquier hombre, son muy fuertes.

Bueno, pues esos comportamientos también se encuentran en la naturaleza y tienen que salir porque son naturales en ellos también.

-El Congo es escenario de corrupción, guerras, intereses empresariales, explotación del coltán, de oro y diamantes, junto con el terror de Bohko Hahram, las milicias de Uganda y Ruanda… pero también es uno de los lugares más ricos en fauna y vegetación del planeta a pesar de la pobreza en la que viven sus habitantes.

-Sí, El Congo tiene esa dualidad. Sucede lo peor del mundo en unos escenarios espectaculares. Y ese contraste es una materia prima muy interesante para un escritor. Tanto es así que yo quería haber ido allí y conocer a Itsaso Vélez, una primatóloga que trabaja allí, pero ella misma me dijo que ni se me ocurriera, porque es una zona muy peligrosa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *