Guillermo Arriaga

El escritor y guionista mexicano gana el Premio Alfaguara de Novela con ‘Salvar el fuego’, donde explora los límites del deseo y la venganza

Por Aida M. Pereda

‘Salvar el fuego’ provoca incendios en cada uno de sus lectores. Una historia de tintes shakesperianos con el amor, la redención y la violencia como chispas que prenden entre el miedo de la clase acomodada y la rabia de los pobres del México más contradictorio, descarnado y actual. Fotografía de un país dividido que ha recibido el Premio Alfaguara de Novela de este año. En ella, Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) explora la capacidad de los seres humanos para cruzar las fronteras de la locura, el deseo y la venganza.

Elegido recientemente como uno de los cien mejores escritores de cine de la historia, este maestro de novelas como ‘Escuadrón Guillotina’, ‘Un dulce olor a muerte’ o la colección de cuentos ‘Retorno 201’, ha llevado a la gran pantalla con gran éxito algunas de ellas, como ‘El Salvaje’, ‘Amores perros’ o ‘21 gramos’ y ha dirigido y escrito el guión de películas como ‘Babel’ -nominada a los Oscar, los Globos de Oro y los Premios Bafta al mejor guión original-, ‘Los tres entierros de Melquiades Estrada’ -Premio al mejor guión en el Festival de Cannes- o ‘Desde allá’ -primera película iberoamericana en ganar el León de Oro en el Festival de Venecia.

Los personajes que pueblan ‘Salvar el fuego’ pertenecen a dos mundos completamente distintos, pero entablan una relación con el deseo de exprimir su vida al máximo. Mientras Marina es una coreógrafa que vive una vida convencional de mujer casada y con tres hijos, José Cuauhtémoc es un homicida condenado a cincuenta años de cárcel. Entre ambos se desarrolla una relación improbable. Poco a poco, ella se dejará arrastrar por un mundo desconocido hasta que desciende a las entrañas mismas del fuego. 

-Antes de nada he de disculparme porque aún no he podido hacerme con el libro…

Qué lástima que no te ha llegado, caray! El coronavirus, ya sabes…

-Sí, el coronavirus está resintiendo todo, tanto es así que has tenido que suspender tu viaje a Madrid para recibir el Premio Alfaguara. Sin embargo, la cancelación dio pie a una presentación virtual de “Salvar el fuego” que tuvo mucho éxito.

-Sí, hice una presentación virtual. Fue un poco complicado hablarle a un iPad, pero me iba marcando el número de espectadores que había y ¡caray, tuve un promedio de 10.400! Creo que no habría podido llegar a un público tan amplio en una presentación normal. Comprobé que había gente detrás por la cantidad de preguntas que me hicieron, así que estoy muy contento.

-¡Prometiste dar una clase gratuita si superabas los 400.000 seguidores en Twitter!

-Sí, si duplico mi número de seguidores la doy. 

-¿Y qué tal te llevas con las redes sociales?

-¿Sabes qué pasa? Que me distraen mucho, así que me limité a tener sólo Twitter. Hubo un momento en el que me saturé, porque era más costoso estar en redes sociales que estar escribiendo, entonces me limité a estar media hora al día en Twitter a ver qué dicen y ya está. Si no, me vuelvo loco… Yo soy escritor. Cuando escribí ‘Salvar el fuego’ pasaba unas 10-12 horas al día completamente concentrado y prefiero concentrarme en lo sustancial, que es el trabajo.

En México la desigualdad impide que se tomen decisiones tan radicales como la cuarentena a tope porque no hay recursos, no hay ahorros, no hay con qué comprar…

-Con todo lo que está pasando ahora es difícil concentrarse, ¿verdad? ¿Cómo vivís esta situación de emergencia mundial desde México?

-Aquí en México es distinto que en un país de primer mundo porque la desigualdad sí impide que se tomen decisiones tan radicales como la cuarentena a tope porque no hay recursos, no hay cuentas bancarias, no hay ahorros, no hay con qué comprar… no hay. Aquí muchas empresas están mandando a los empleados a cuarentenas sin paga. Es algo muy serio.

-Hay mucho miedo en estos momentos… A pesar de las declaraciones del gobernador de México, López Obrador, quien dijo que este virus sólo atacaba a los ricos, se pone de relieve la indefensión de los más vulnerables para luchar contra esta pandemia, ¿lo crees así?

-Yo creo que serán los más vulnerables sí. No al coronavirus en sí, sino a las consecuencias económicas del coronavirus. A la pérdida masiva de empleos, a la incapacidad de llevar las cuarentenas, de llevar la comida, el día a día… En un país con tantas desigualdades como éste yo no sé cómo pueden hacer las clases desposeídas para poder solventar el tsunami económico que esto va a traer. Y obviamente, si se enferman, pues no es lo mismo tener recursos ilimitados para ir a los mejores hospitales que acceder a la sanidad pública.

Porque la sanidad pública en México es muy distinta a la de España. Me consta porque una vez enfermé estando en España y accedí a la sanidad pública y pude comprobar que es de primerísimo nivel. En México no tenemos capacidad para atender a 50 millones de personas que viven bajo el índice de pobreza.

Portada de ‘Salvar el fuego’, de Guillermo Arriaga.

-En estos días de incertidumbre, los libros se convierten en inmenso refugio…

-Sí. Hay un proverbio chino que dice: “no maldigas la oscuridad, mejor enciende una vela”. Y yo espero que los libros sean una de esas velas que se encienden porque leer un libro nos permite entender muchas cosas, más allá de llenar un espacio de tiempo vacío, es material para reflexionar, para saber más de uno mismo y para ahondar en la humanidad.

-Precisamente, con ‘Salvar el fuego’, esto que dices, lo consigues, porque gente que lo está leyendo nos cuenta que ese incendio que viene implícito en el título sí que parece provocarse en cada uno de ellos.

-Ciertamente acaba de salir a la venta, pero ya me está escribiendo mucha gente que lo está leyendo y le está gustando. Me hubiera gustado que esto se diera en unas circunstancias normales y que la gente pudiera ir a comprarlo a su librería. Desafortunadamente, no se va a poder, pero quienes sí han podido acceder al libro me dicen que les gusta muchísimo, que están muy metidos en la lectura. Incluso alguien me dijo que después de ‘El Salvaje’ no creía que pudiera escribir algo que le llegara tan siquiera, pero que le está gustando incluso más, así que estoy muy contento con esta respuesta, la verdad.

-Y bueno, cuéntanos, el título de esta novela procede ni más ni menos que de una cita de Cocteau.

-Sí, es una cita de Cocteau, cuando le preguntan: “Si su casa se quemara, ¿qué salvaría?”  Y él responde: “Salvaría el fuego». Y a lo largo de la novela aparecen cuestiones como la de salvarte a ti mismo, salvar lo que realmente eres tú: tus motivaciones, tus pulsiones más profundas, tus decisiones… ser consecuente con las decisiones que tú tomas, aún cuando estas decisiones destruyan todo a tu alrededor.

-Se trata de una historia salvaje, de fronteras y extremos sociales…

-Sí. En mis obras siempre he procurado hablar de gente que está en los extremos. Me interesa, en particular, quienes se arriesgan a hacer cosas, quienes caen al vacío… Y en esta novela creo que llevo mucho más al límite la idea de la frontera. Para empezar, el personaje principal se va a vivir a la frontera de México con Estados Unidos. También aparece la frontera máxima, que es la cárcel, la más compleja de todas. Y habla de las fronteras de las razas en México, de todo el desprecio soterrado que hay hacia lo indígena.

En mis obras siempre he procurado hablar de gente que está en los extremos. Me interesa, en particular, quienes se arriesgan a hacer cosas, quienes caen al vacío

-El inicio arranca, precisamente, con un rotundo manifiesto de José Cuauhtémoc, que contrapone el miedo de la clase acomodada con la rabia de los pobres.

-Sí, es una reflexión que hace Cuauhtémoc, un preso que procede de orígenes muy pobres. Tiene una gran educación, habla cinco idiomas, sabe de física, de matemáticas… de todo, porque su padre, indígena, con tal de que no le llamen “indio”, como insulto, le dice que tiene que ser el más culto, el más erudito, el que más sabe y el más fuerte. Y por parte de sus abuelos, que proceden de España, también son pobres y analfabetos. Entonces él procede de la pobreza y entiende cómo es. “Nosotros, que no tenemos nada que perder, somos los que tenemos rabia”, advierte. Porque los que no tienen nada que perder no tienen miedo ni siquiera a morirse. Él nació para la muerte.

-No obstante, cuentas que el origen de este libro parte de una historia de amor.

-Sí, es una novela de amor, porque ésta es la historia de amor entre Marina, una mujer adinerada, coreógrafa de profesión, casada con un preso. Pero habla de muchos temas al fin y al cabo. De las diferencias sociales, de la venganza y la obsesión por llevarla a cabo hasta sus últimas consecuencias… Habla de corrupción, de impunidad, de tretas y argucias legales, habla de arte, del cuerpo como placer, como castigo, como tortura…

-Como es habitual en tu obra, se trata de un puzzle muy complejo.

-Sí, es una historia de amor muy compleja contada en tres voces y en tres tiempos. Una primera persona, Marina, narra cómo fue poco a poco involucrándose. Una segunda persona, que es el hermano de José Cuauhtémoc, habla con el padre muerto en el cementerio, que narra el pasado de él y su hermano, y luego hay una tercera persona, que cuenta el punto de vista del protagonista, de José Cuauhtémoc, unos meses antes de conocer a esta mujer. Entonces los tiempos van desfasados y poco a poco las historias se van anudando hasta el capítulo final, cuando ya entendemos todo lo que sucedió.

El escritor mexicano Guillermo Arriaga en la presentación de su libro. EFE

-¿Te has inspirado en personas concretas para construir a José Cuauhtémoc, Marina y al resto de personajes?

-No, es una amalgama de muchas personas que he conocido. Como decía Flaubert: “Madame Bovary c’est moi”. Yo soy ellos y ellos también tienen mucho de mí. Aunque no he estado en la cárcel nunca, desde niño he conocido a gente que ha estado y sé la terrible experiencia que es.

-¿Podríamos decir que es un retrato no sólo de México, sino de cualquier país?

-Sócrates decía que si quieres ser universal, habla de tu vecino. Entonces estoy hablando de lo que conozco. 

-Como decías, la cárcel aparece y lo hace con tal fuerza que parece un protagonista más de la novela. ¿Crees que todos vivimos en una especie de cárcel que nos impide salir de nuestra clase social, que nos ata a nuestra familia y a nuestros orígenes?

-Mira, esa es una pregunta que se hace Marina, la protagonista, que se pregunta quién está más prisionero realmente. “¿Esta vida la construí yo, a conciencia, o me la construyeron? ¿Estoy cumpliendo lo que yo quiero o lo que era previsible que yo cumpliera?” Entonces, se da cuenta de que está atrapada y lo que más le duele es que, por más que se esfuerza en su arte, no deja de ser mediano. Y se pregunta por qué no puede conectar con el espectador si todos los críticos ponderan su arte, qué sucede que no provoca ninguna emoción…

Es una novela de esperanza, que acaba con un final agridulce. Habla de cómo, a pesar de que puedas tener las circunstancias más adversas, siempre hay otra salida

-Marina se deja arrastrar por una atracción que le puede llevar hacia peligrosos derroteros en medio de una profunda crisis existencial, creativa, familiar…

-Sí, en realidad es una crisis que ella no se había cuestionado, pero el enfrentamiento con el otro es lo que nos crea desasosiego sobre quiénes somos nosotros mismos. El otro siempre nos cuestiona, nos provoca. Y aquí es el otro quien le causa todas estas dudas e incertidumbres y ella quiere ver si es capaz de reinventarse…

-¿Y crees en la clemencia del lector? ¿Crees que defenderán la redención de tus personajes?

-Claro, claro que existe redención, por supuesto. Creo que ésta es una novela de esperanza, que acaba con un final agridulce. Habla de todas las posibilidades que tiene el ser humano y de cómo, a pesar de que puedas tener las circunstancias más adversas, siempre hay otra salida. De hecho, hay un refrán español que dice que cuando se cierra una puerta se abren otras cien, ¿no es así?

-Sí, algo así (sonrío). Cuando se cierra una puerta… ¡se abre una ventana!

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