Fernando Benzo

‘Nunca fuimos héroes’ fusiona su pasión por la novela policíaca con su experiencia en la lucha antiterrorista. En esta mezcla inseparable de ficción y realidad, Fernando Benzo hace un recorrido por la historia de ETA desde el prisma de un expolicía que ha dedicado toda su carrera a acabar con la banda.

-Se trata de una novela con alma de thriller en la que relatas la historia de la lucha antiterrorista en España, pero lo que más llama la atención es que en ningún momento nombras a ETA, ¿por qué?

Sí. Llama mucho la atención. En realidad no es tan apasionante como pueda parecer. Quería poner el foco en Harri, el terrorista, que es uno de los personajes clave de la historia. Centrarme en la individualidad del personaje, pero no en la banda como colectivo. Y en ese sentido, aunque en ningún momento se duda de que es ETA, el no darles un nombre concreto es un recurso literario para distanciar al lector de la propia organización, pues no quería hacer ningún tipo de identificación ni presentarles como una entidad con personalidad para no darles entidad ni dignidad.

-A lo largo de las páginas de esta novela, los lectores podrán descubrir los entresijos de la lucha antiterrorista desde mediados de la década de los 70 hasta la disolución de la banda.

Sí. ‘Nunca fuimos héroes’ son dos novelas en una, pues tiene dos almas. Por un lado, es una novela policíaca, un thriller que ocurre en nuestros días, con una trama de suspense y acción y con las reglas propias del género. Pero al mismo tiempo, también es el viaje existencial y sentimental del personaje principal, Gabo, un comisario de policía ya retirado.

Esta novela hace un recorrido por la lucha policial contra el terrorismo desde los años 70, de manera que es en parte una novela policíaca y en parte una novela histórica

A través de ese viaje vital, se hace un recorrido por la lucha policial contra el terrorismo desde los años 70, de tal manera que es en parte una novela policíaca y en parte una novela histórica. Y las dos novelas están engarzadas de manera inseparable.

-En 2001 fuiste coautor de un ensayo que recorría las vicisitudes de la lucha policial contra el terrorismo que nunca se llegó a publicar para proteger la identidad de algunas personas que ayudaron a elaborarlo. Ahora has recuperado algunos de esos episodios, ¿por qué?

Efectivamente. Participé en la elaboración de un ensayo en el que utilizamos muy diversas fuentes, y algunas de ellas, en aquel momento, que era un escenario muy diferente al actual, nos pidieron que por confidencialidad no publicásemos el libro. Aunque doliese, ése fue el acuerdo y aceptamos no publicarlo.

Este nuevo proyecto no tiene nada que ver con aquel, pues éste es una novela y tiene un alto componente de ficción, pero hay determinadas anécdotas e historias reales que estaban en aquel libro que me apetecía engarzar con la trama de esta novela. Ahora el escenario es diferente, la confidencialidad ya no es tan necesaria y he podido contar cosas que estaban en aquel libro y que han estado veinte años en un cajón, así que es una de las cosas que más ilusión me han hecho.

-¿Has mantenido el anonimato gracias a esas licencias que permite la ficción?

Sí, los personajes de esta novela no son reales, no tienen nombres ni apellidos. Digamos que tienen muchos espíritus, muchas voces y almas. De alguna manera, el grupo de policías que protagonizan esta novela representan a diferentes tipos de policías, pero no a personas que se les puedan poner cara y nombre.

Mi inquietud por este tema nace de mi trabajo en el Ministerio de Interior y en la Fundación de Víctimas del Terrorismo. Tengo una gran implicación emocional

-De la mano del protagonista, Gabo, que forma parte de las primeras unidades especializadas de lucha antiterrorista, nos sumerge en el modo de vida de los agentes que las integraron. Un mundo que conoces desde dentro, puesto que durante un tiempo trabajaste en la Secretaría de Estado de Seguridad

Sí, obviamente. Si yo no hubiera trabajado, hace muchos años ya, en el Ministerio de Interior, probablemente no habría escrito este libro. Es decir, mi inquietud por este tema nace de mi trabajo allí y en la Fundación de Víctimas del Terrorismo posteriormente. Tengo una gran implicación emocional.

-¿Qué recuerdo guardas de esta época? ¿De qué forma te marcó?

Me ha marcado para toda la vida. Guardo mucha tristeza de muchos momentos duros que me tocó vivir, pero también me quedo con la pequeña satisfacción personal de haber conocido y haber podido, modestamente, echar una mano a personas que habían sufrido en carne propia la violencia del terrorismo. Son muchos los recuerdos y su combinación es un poco agridulce.

FOTOS realizadas por Aida M. Pereda

-Afortunadamente, el escenario ha cambiado por completo desde la disolución de ETA. ¿Crees que se trata de un buen momento para hablar de ello? Tenemos ‘Patria’, de Fernando Aranburu, de la que se prepara serie, o la serie documental de ‘ETA, el final de la violencia’, de Jon Sistiaga y Alfonso Cortés-Cabanillas .

Sí, es que yo no creo sólo que se pueda hablar, sino que se debe hablar. Yo creo que aunque está muy cercano todavía en el tiempo, ha llegado el momento de que construyamos la historia, de que construyamos el relato de lo que ocurrió. Y para ello se debe hacer, en mi opinión, con todas las herramientas posibles. Es decir, tiene que haber ensayos, tesis, análisis desde el punto de vista sociológico, político, histórico… y también desde la creación literaria. Es el momento en el que se deben hacer series, documentales y novelas, incluso novelas de género como ésta, que es una novela policiaca sobre ETA. Todo ello debe configurar el adecuado anclaje de lo que ocurrió en nuestra historia.

Es importante que conozcamos el pasado no sólo los que fuimos testigos de lo que pasó, sino también las generaciones del futuro

-¿Es indispensable construir un relato para que no se olvide?

Es que hay cosas muy impactantes. Hace poco se hizo una encuesta a universitarios del País Vasco, a los que se les preguntó por Miguel Ángel Blanco. Sólo el 47% sabían quién era. Entonces yo creo que las sociedades, igual que las personas, cuando sufrimos un drama, tenemos que mirar hacia adelante, es decir, hay que afrontar el futuro y hay que seguir, es decir, el camino debe que continuar, pero eso no quiere decir que dejemos de mirar al pasado también. Tenemos que ser conscientes de nuestro pasado.

Eso que se suele decir de que el pueblo que no recuerda su pasado está condenado a cometer los mismos errores en el futuro, puede ser un tópico, pero es que es verdad. Es importante que lo conozcamos los que fuimos testigos de lo que pasó, sino también las generaciones del futuro.

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