Blanca Portillo

AIDA M. PEREDA

Blanca Portillo, para muchos, siempre será la inolvidable Carlota de ‘7 vidas’, pero se considera, ante todo, una mujer de teatro. Guarda en su memoria la vida de decenas de personajes, con los que ha reído, sufrido, matado o incluso amado. Respetada por público y crítica, su aplomo y seguridad en las distancias cortas es contagiosa, tal y como desprenden sus palabras en esta entrevista realizada momentos antes de salir al escenario en el Teatro Arriaga de Bilbao.

Hasta el mes de mayo podremos verla dando vida a la señora Dalloway, una adaptación de la novela de Virginia Woolf. Acostumbrada a que le ofrezcan personajes de mucha acción exterior, ha sido todo un reto expresar el inmenso mundo que cultiva esta mujer de clase alta, de apariencia frágil y superficial, abocada a ser la ‘mujer de’ un destacado hombre de la esfera política, asfixiada por las rígidas normas sociales de la Inglaterra de principios del siglo XX.

-¿Conocías la novela original de Virginia Woolf?

Había leído a Virginia Woolf, pero no esta novela. Cuando me lo propuso Carme Portaceli, la directora de la obra, le confesé que no me la había leído y al leerla me fascinó. ¡Me la leí cuatro veces seguidas! Hoy en día, que existe un culto al feísmo, aquí hay un texto hermoso.

Mrs. Dalloway tiene un poderío interior que la hace libre a pesar de estar a la sombra de su marido y eso no le impide ser quien es

-¿Ha sido difícil para ti meterte en la piel de Mrs. Dalloway?

-Estoy acostumbrada a hacer papeles con mucha acción exterior pero esta mujer tiene un mapa interior increíble. Por fuera parece una mujer muy superficial y al acercarme a ella tuve que derribar mis prejuicios, tratar de no juzgarla. Como la propia Virginia Wolf, que se burlaba de ella en las primeras páginas, terminé enamorándome de ella.

-¿Qué es lo que más admiras de Mrs. Dalloway?

La capacidad que tiene para percibir cada instante de su vida. Todos, a veces, borramos de la memoria cosas que hemos hecho, porque no queremos recordarlas, pero ella no, lo tiene todo presente. Lo que siente, lo que le pasa, lo que le pasó, lo que sintió… Tiene una gran sensibilidad. Mrs. Dalloway no se lamenta, percibe la belleza también en el dolor. De hecho, dice: “ya que estamos condenados a un barco que naufraga y que se hunde irremediablemente, ya que todo esto no es más que una broma pesada, pongamos de nuestra parte para aliviar nuestro sufrimiento, compañeros de prisión, y decoremos las mazmorras con flores y almohadones, seamos todo lo decentes que podamos y así que los dioses no se salgan completamente con la suya”.

-Parece no importarle ser la ‘mujer de’…

-No. Tiene un poderío interior que la hace libre a pesar de estar a la sombra de su marido. Hay un momento en que dice: “Ahora soy la señora Dalloway, la ‘señora de’, eso es todo. Y siento que he perdido a Clarissa, quien yo era”. Es consciente de ello, que eso ya es un paso enorme, porque hay muchas ‘señoras de’ que se creen que no lo son. Y a lo largo de la función se va dando cuenta de que es así como quiere ser, que eso no le impide ser quien es.

Es una mujer adelantada a su tiempo. A pesar de que Virginia Woolf escribió esta novela en 1925, es un texto plenamente actual

-¿Has encontrado algún nexo en común con ella?

-Sí. Es una mujer que ha tomado decisiones en su vida, algunas equivocadas, otras no, pero sabe que es ella la única responsable de todo lo que ha decidido, no le echa la culpa a nadie. 

-Se atisba, por tanto, que en realidad es una mujer adelantada a su tiempo. A pesar de que Virginia Woolf escribió esta novela en 1925, es un texto plenamente actual…

-Por supuesto. En ‘Mrs. Dalloway’ se aprecia el germen del feminismo. Primero es necesario tomar conciencia de una misma para reivindicar la  conciencia de todas como colectivo.

-¿Te has encontrado zancadillas en tu carrera por ser mujer  y feminista?

-¿Si no me han dado papel por eso? No, que yo sepa, o al menos no me lo han dicho. No sé cuándo se me despertó el feminismo, yo es que he nacido así, con ello. De hecho, aún me sigue sorprendiendo cuando me encuentro con gente que actúa de forma machista.

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