Ana Merino

La escritora madrileña, afincada en EEUU, demuestra que la fuerza magnética de los afectos, la aleatoriedad del azar y la justicia poética pueden provocar inesperados acontecimientos

Por Aida M. Pereda

Todos parecen conocerse en una apartada comunidad del Medio Oeste estadounidense, perdida en la Iowa rural, pero lo cierto es que todos y cada uno de sus habitantes guardan pequeños misterios cotidianos que cargan a sus espaldas en soledad. No obstante, la escritora Ana Merino muestra en su primera novela, ‘El mapa de los afectos’ (Premio Nadal 2020), cómo las vidas de todos ellos se irán cruzando a lo largo de más de dos décadas, condicionadas por la fuerza magnética de los afectos, la aleatoriedad del azar o la justicia poética, capaces de provocar inesperados acontecimientos, como ausencias, extraños sucesos o hasta crímenes inexplicables.

Ana Merino (Madrid, 1971) lleva veinticuatro años viviendo y trabajando en Estados Unidos como profesora. Catedrática en Escritura Creativa en Español y Estudios Culturales en la Universidad de Iowa, ha publicado numerosos poemarios. Pionera en el desarrollo de la formación académica en cómic, ha escrito diversos ensayos especializados y es autora de varias obras de teatro.

-Podemos decir que no has podido estrenarte en este género de mejor forma, recibiendo el Premio Nadal.

-Sí y estoy entusiasmada. Curiosamente ha habido un paralelismo entre esta primera novela, ‘El mapa de los afectos’, y mi primer poemario, ‘Preparativos para un viaje’ con el que gané el Premio Adonáis en 1994.

-Se trata de una novela poblada ni más ni menos que por más de 20 personajes, contando principales y secundarios… ¿Por qué este interés en la concreción más íntima de las personas?

-Sí, porque después de tantos años escribiendo poesía, que es un mundo más intimista, mi madurez conectaba con la curiosidad de las voces de los seres humanos que nos rodean. Ellos construyen una amalgama de vidas que dan lugar al entendimiento de la existencia y me gusta cómo los personajes transmiten sus pensamientos desde distintas posiciones.

El poso de un colectivo aúna diferentes voces que componen una melodía y de esta forma construyo una balada de personajes

-Cada uno, en su unidad, representa a todo un colectivo.

-Efectivamente. El poso de un colectivo aúna diferentes voces que componen una melodía. De esta forma, construyo una balada de personajes. Escribo por esa necesidad de expresar el mundo y luego, me doy cuenta de que la novela está llena de claves. Yo misma, a veces, me sorprendo con los lectores, que hacen su propia interpretación y entablan su propio diálogo con ese coro de personajes que he creado.

-¿Te has inspirado en personas reales a la hora de componer estos personajes?

-Claro, ahí está la atmósfera americana, pero la imaginación es mi sustrato. Estoy, todo el rato, inventando historias, desde que de niña escribía mi diario y jugaba con casitas de muñecas y les hacía hablar a mis personajes.

Portada de ‘El mapa de los afectos’, de Ana Merino.

-¿Cuáles son tus referencias literarias a la hora de retratar almas?

-Mi primer modelo fue Edgar Lee Masters, con los muertos hablando desde sus lápidas en ‘Antología de Spoon River’. Y también me gustan mucho los cómics de los hermanos Hernández, como ‘Love and Rockets’,  o el escritor ruso Turguénev, que sintetiza muy bien y hace grandes obras con muchos esbozos. Creo que hay un poco de todos ellos.

-Este universo de personajes se nos hace familiar de alguna manera…

-Claro, yo creo que uno, de pronto, se siente cómodo y se siente parte de ese mundo. Te sumerges en la novela y aunque aparecen un montón de personajes no te olvidas de ninguno y sabes quiénes son, tal y como como nos pasa a los profesores. Cada semestre tengo 25 alumnos nuevos y me aprendo sus nombres, reconozco sus letras y sé qué problema tiene cada uno. Bueno, pues en la novela es algo así.

-Nos resultan cercanos, a pesar de la distancia que nos separa del Medio Oeste americano?

-Claro, la literatura tiende a la universalidad. Conectas y empatizas con ellos porque el fondo de la novela es el ser humano. Además, la historia la cuenta alguien desde España y con ese rastro de lo español interpreta el mundo en el que se encuentra, el mundo americano.

-Llevas veinticuatro años viviendo en Estados Unidos y, de ellos, los últimos diez en Iowa, lo conoces bien entonces.

-Sí. Y lo elegí como escenario para la novela porque además de conocerlo bien se trata de un espacio muy dúctil, que me permitía transpirar y jugar con la especialidad que tienen sus cinco estaciones: primavera, verano, otoño, invierno y barro. Y es que en Iowa, entre el final del invierno y el inicio de la primavera, antes de que salgan las flores, se derrite toda la nieve. Y en ese momento del deshielo, todo se convierte en barro. El paisaje de este pequeño Estado me parece muy exótico, pues combina pequeños núcleos urbanos con zonas boscosas y grandes llanuras llenas de maíz, soja y plantaciones de alfalfa.

No buscaba la abundancia, sino que lo que yo quería era exactitud de la poesía y del cómic en la trama y los sentimientos

-Y a pesar de que parece que no pasa nada en un entorno así, descubrimos una gran vida interior dentro de cada personaje.

-Sí, hay mucha vida interior dentro de esos personajes y quiero que eso también sirva de estímulo para que el lector se dé cuenta de la vida interior que él tiene. Que los pequeños gestos, los detalles y los primeros planos les ayuden a sentirse acompañados.

-Otro de los ganchos de esta historia es el ritmo ágil que mantienes de la primera a la última página, evitando cadencias innecesarias.

-Sí. La novela tiene mucha musicalidad y mucha síntesis para dar agilidad a la lectura. Si llevase esta cantidad de personajes a una novela muy larga, les perderías. De esta forma son tus compañeros en un viaje en el que estás con todos ellos y te has aprendido todos sus nombres. No buscaba la abundancia, sino que lo que yo quería era exactitud en la trama y los sentimientos. Esta exactitud me viene de la poesía y también del cómic, donde tiendes a condensar.

-Desde las citas que elegiste para dar comienzo a tu historia, extraídas de los ‘Nocturnos’ de la poeta Idea Vilariño y del mítico cómic seriado de ‘Los Cuatro Fantásticos’, de Stan Lee, das pistas de algunas de tus referencias literarias.

-Sí. En los cómics aparece el bien y el mal y en esta novela reconocemos el mal claramente, pues aparecen elementos como la guerra o los crímenes. Hay también un guiño a la sensibilidad juvenil a través de Sam, un niño que lee cómics de superhéroes en los que el bien puede vencer en cualquier momento. Y hay un guiño a la poeta Idea Vilariño y a esa reflexión acerca de la condición de la existencia.

(Puedes leer el inicio de ‘El mapa de los afectos’ pinchando AQUÍ).

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